Thursday, June 30, 2011

EL PUENTE

30-06-2011.
Yosvani Anzardo Hernández
Periodista Independiente
(www.miscelaneasdecuba.net).- En la comunidad pesquera Los álamos hubo un carpintero que se ganaba la vida fabricando y reparando botes, mas su sueño era construir puentes; Decía que los cubanos todos tenemos alma de puente y que así como nuestro archipiélago trajo a la guasa desde el pacifico en un viaje en el que cruzó entre norte y sur américa cuando aún no existía lo que es hoy centro américa; los cubanos traemos dentro parte de todo lo que ha pasado por la isla.

Los álamos es un pueblo dividido, más que por el lecho seco del rio Las cañas que lo atraviesa de este a oeste, por la pretensión de su gente de ser diferente, y el problema es que lo más importante del pueblo es la iglesia, el astillero y el mercado; y todo eso está en el lado sur.

Un día al carpintero se le ocurrió construir un puente, y sin esperar ayuda lo hizo. Aquello parecía un disparate, pues solo durante tres o cuatro meses corre agua por el lecho del rio, y es tan escasa, que nunca constituyó un obstáculo para el paso. Por otra parte el puente resultó excesivamente alto, en fin, por cualquier parte que lo miraras no era más que un despilfarro.

Pero las pretensiones del carpintero no acabaron con ese puente, pues sus sueños iban mucho más lejos, aspiraba a unir el lado sur desde la parte baja y cenagosa donde desembocan los canales de desagüe, con la parte de la ciudad de la otra rivera desde donde venía la madera y las sierras para el astillero.

La gente pensó que estaba loco y nadie lo dejó comenzar la obra, aunque de cualquier forma no hubiese podido hacerlo sin ayuda, en verdad mucha ayuda.

El por su parte aseguraba que si unían muchas grandes patanas por medio de enganches de vagones de ferrocarril y anclaban torres para evitar el desplazamiento lateral, el puente funcionaría, e incluso podría desmontarse cuando se quisiera si una de las patanas se dañaba durante un huracán. La gente comenzó a dudar del buen juicio del carpintero. Un puente flotante como ese, no existía en el mundo y por otra parte su utilidad seria dudosa, pues con esas mismas patanas autopropulsadas siempre se había abastecido Los álamos con todo lo necesario, sin contar que constituiría un obstáculo para el tránsito de los barcos que navegan en sentido transversal.

Ninguno de esos argumentos hizo desistir de su empeño al carpintero quien con un poco de ira reflejada en el rostro declaró que ya era hora de hacer un canal ancho, de unos 80 0 100 metros a través del pueblo para garantizar el paso de esos barcos, y se construirían además varios puentes altos entre las dos orillas resultantes y harían más astilleros en lugares seguros donde se les dará refugio seguro a los barcos que navegan por la zona, el comercio crecerá y también los almacenes, nuestro pedazo de tierra alcanzará toda, por primera vez, el destino para la cual la naturaleza la trajo hasta aquí después de un largo viaje. Seremos un gran puente.

Todo esto lo dijo de forma atropellada, con vehemencia, como si pudiera verlo. Entonces oficialmente fue declarado loco, y para tratar su trastorno lo ingresaron en una clínica para desequilibrados.
Mientras todo esto ocurría, la gente había descubierto que la espaciosa cumbre del puente era un lugar agradable y un excelente mirador desde donde se veían ambas partes del pueblo, y poco a poco comenzaron a usarlo, incluso mientras el lecho del rio estaba seco. Los habitantes del pueblo debían agradecer al carpintero por aquel puente aparentemente inútil que contribuyó a unir al norte y el sur como las dos partes del mismo pueblo que son. Y mientras el carpintero se marchitaba triste en su reclusión, las diferencias entre el norte y el sur desaparecían y todos se veían a si mismo como lo que eran, habitantes de un mismo pueblo.

El carpintero murió, dicen que de inanición, porque por alguna razón dejó de comer. Lo cierto es que murió triste por no entender que lo que él veía con claridad, el resto del pueblo no podría ver sino muchos años después, y es que patria no es unanimidad, pero son válvulas los puentes, que como en el corazón, hacen funcionar a las partes dispersas bajo un mismo sentimiento, existan o no, puedan ser construidos o no, lo importante es que todos piensen en el puente como un bien necesario, aunque no imprescindible.

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