Wednesday, June 29, 2011

SUEÑOS SUCIOS

29-06-2011.
Yosvani Anzardo Hernández
Periodista Independiente
(www.miscelaneasdecuba.net).- Cuando Tomas Hernández nació, el padre sembró un almendro en el patio. Tomasito fue un niño tan especial como cualquier otro, y además con suerte, pues como pocos, sus padres no se divorciaron, y es que con el fin de los matrimonios las obligaciones morales del padre deben bastar para continuar sosteniendo económicamente al hijo, pero cuando la ley no existe o es insuficiente, y la moral es escasa, los niños son abandonados.

Pero por común, no fue esa la historia de este niño, incluso escapó de la norma cubana, esa que obliga a los padres a propinar una buena paliza de vez en vez como método educativo, claro, no por maldad dicen todos; incluso fue regañado fuertemente delante de la seño en el círculo infantil por morder a otros niños, y luego en casa recibía el consejo filial de defenderse a como dé lugar.

El almendró del patio creció y Tomasito es un joven tranquilo y amable, incluso dicen los profesores que es muy inteligente aunque un poco distraído.

A menudo discute con el padre por cosas sin importancia y siempre desea estar cerca de la madre. Por ello no fue a la universidad pues dice que el padre últimamente bebe demasiado.

De pronto anunció que se casaba y sin ceremonia ni preparación alguna se casó con una señora mayor que él y que tiene un hijo casi de su edad, pero lo más curioso, es que la señora en cuestión hasta se parece físicamente a su madre.

Desde muy pequeño Tomasito aprendió de su padre que todo vale si de resolver tus necesidades se trata, y en la escuela reforzó ese conocimiento cuando aprendió que no es inmoral repudiar a las personas antes de que estas salgan al exilio y recibirlas luego como señores y señoras si regresan, pues contradictoriamente a veces regresan a donde supuestamente son perseguidos. Esos cambios de comportamiento se hacen por la revolución, dicen en la escuela. De forma que este niño creció como la gran mayoría de los niños cubanos, sin tener claro que conceptos morales seguir, si es que deben seguir alguno.

Tomasito como todo el mundo aquí, sabe que la solidaridad es un pretexto, pues para resolver tus problemas tienes siempre que dar algo o quedar en deuda, y que siempre te cobraran, de forma que nunca puedes esperar donaciones de nadie, de ahí el famoso refrán “Lo mío primero” Estas cosas tienen que incidir de alguna manera en la conducta porque lo cierto es que tanto Tomasito como sus amigos no sienten remordimiento ni culpa cuando hacen daño a otras personas, a pesar de ser conscientes de lo que hacen.

Tomas Hernández es solo un miembro de varias generaciones de personas educadas todas bajo los mismos preceptos, y a las cuales les es imposible ponerse en el lugar de los demás.

En Cuba son muy conocidas las macabras, y me inclino a pensar que inciertas, historias de personas que venden hígados humanos y uñas encontradas en picadillos y hamburguesas, supongo que la imaginación social es rica, de cualquier forma los crímenes más sangrientos y barbaros ocurren a diario, y de vez en vez las fotos de algunos de esos crímenes circulan por el país a través de canales no oficiales.

Y aunque sean muchas estas personas, nuestra sociedad no es amoral, y pocos de ellos cometen auténticos crímenes.

Tomasito es un adulto y tiene fantasías sexuales con su madre, le gusta deambular en la noche y con sus confesiones a investigadores independientes ha contribuido un tanto al entendimiento de algunos de los problemas actuales de la sociedad cubana.

Hace algún tiempo, aquí en el pueblo, aparecieron partes de varios esqueletos humanos enterrados en el patio de una vivienda, en aquel momento la gente decía que eran parte de rituales religiosos.

De vez en vez aparecen restos de cadáveres, se cree que la mutilación tiene que ver con la intención del asesino de dificultar el reconocimiento, aquí la técnica criminalística es muy rudimentaria y poco disponible. Los problemas no pueden ser solucionados si antes no son identificados.

El almendró ya da frutos, y si cada padre hubiese hecho lo mismo, en Cuba hubiese un gran bosque de árboles enfermos, que parecen sanos, y tienen sueños sucios.

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