Friday, December 28, 2012

AL QUE LE SIRVA EL SAYO…

AL QUE LE SIRVA EL SAYO…

Agradece a la llama su luz, pero no olvides el pie del candil que paciente la sostiene. 
Rabindranath Tagore

Por: Iliana Curra
Me duele tener que decir que sentí vergüenza ajena cuando estuve en el velorio del Dr. Humberto Medrano. No solo porque lo conocí y lo sentía mi amigo. Ni porque Mignon, su esposa, también lo es. Sino porque esa noche la presencia del desagradecimiento primó más allá de los que, impedidos por su edad, sus enfermedades y su dependencia de otros, no pudieron estar presentes.
¿Dónde estaba el presidio político que tanto defendió Humberto Medrano en Ginebra, en foros internacionales y en sus andares por Radio Martí y cualquier evento en que hiciera presencia? Salvo algunas excepciones, como siempre.
¿Dónde estaba el presidio político posterior al primero y, sobre todo, dónde estaba el presidio político actual? Seguramente celebrando sus fiestas navideñas en familia y no pudieron hacer un alto de 30 minutos, al menos, para despedirse de un hombre que hizo tanto por ellos. ¿Lo sabrían? Seguramente que no. No creo que los actuales recién llegados hayan conocido la trayectoria digna de Humberto Medrano, pues carecen de memoria histórica. Conocen solo lo que ellos mismos vivieron y nada más.
Es vergonzoso que la funeraria no estuviera abarrotada de aquellos que sufrieron la represión y el encierro para darle un último adiós a Humberto. Sobre todo aquellos que cuando su voz se alzaba en Ginebra por la vida de Pedro Luis Boitel, muchos ni habían nacido, otros eran pioneros comunistas y algunos que otros dirigentes partidistas y pertenecientes a la UNEAC.  Lo siento, me gusta hablar claro.
¿Dónde están quedando los valores de una lucha de más de medio siglo? Espero que no sea en las mentes vacías de quienes estuvieron presos por causas de la vida y no por conciencia real. Y que sus ideales no hayan sido montarse en un avión y llegar a tierras de libertad para olvidar la historia. No, la historia es una sola y nada ni nadie la puede cambiar.
Hace poco también enterramos a una ex prisionera política: María Amalia Fernández del Cueto, y su capilla estaba casi vacía. Bien triste para alguien que todo lo dio por Cuba. Parece que estamos lidiando con la apatía y el desencanto porque el castrismo sigue en el poder. No se si perdimos la batalla. Lo que sí se es que el castrismo no ha ganado tampoco, pues ese pueblo cubano le importa un bledo su revolución y viven a base de doble moral y el “resolver” de cada día para interesarse por un sistema que los asfixia y, todos sueñan con irse a nado o cruzando fronteras.
Los que carecen de memoria histórica los exhorto a conocerla. Solo poner un dedo en Google se pueden encontrar cosas que desconocen porque la historia no empezó cuando ellos pararon en prisión. Ya había muchos fusilados, muchos asesinatos, muchos prisioneros políticos y muchas voces que en cualquier parte del mundo se paraban a gritar la verdad sobre Cuba.
Y si esto es un problema generacional, como a veces dicen, entonces que no vivan del cuento de su prisión. Conozcan la historia y luego hablen los ex pioneros, los ex comunistas, los ex escritores, los ex profesionales y todos los que han llegado vía refugiados políticos.
Y estoy convencida que algunos pondrán el grito en el cielo. No me importa, no escribo esto para ganarme un premio, sino para decir lo que pienso. A estas alturas de la lucha no se cambian conciencias… más bien pareciera que mueren o nunca la tuvieron. La ingratitud del cubano que hablara Martí, todavía prevalece. Y no se sientan aludidos los que no pudieron acompañar a Humberto en sus últimos momentos en la tierra por obvias razones que menciono al principio. Esto va con los indiferentes que hacen perder la paciencia a cualquiera. Se pudiera pasar por alto –a veces- a la indiferencia mundial de aquellas naciones libres que viran su rostro. Pero es imperdonable la indiferencia de quienes sufrieron el infierno castrista y ahora cambian su historia por no tomarse unos minutos de agradecimiento.
Ahí les dejo mi sincera opinión sobre el tema. A fin de cuentas mi irreverencia es gratis, no cobro por ella.

No comments:

Post a Comment