Wednesday, December 26, 2012

BAJO LA PRENSA

Eduardo del Llano, agosto 2010
Eduardo del Llano

http://eduardodelllano.wordpress.com
Cinematógrafo cubano
Vive en La Habana
 La prensa sigue ofreciéndonos una Cuba disfrazada.
 Empecemos por los medios oficiales. Si Raúl Castro buscaba en serio una transformación de la prensa cubana (y quiero creer que sí, ha insistido en el tema) estará bastante decepcionado con los resultados al día de hoy. De acuerdo, puede no ser un proceso rápido, mentes abiertas no se consiguen por decreto, pero ya es hora de que notáramos algo, ¿no? Uno se sigue enterando de lo que pasa por otras vías, y qué curioso, se trata más o menos del mismo tipo de sucesos a que nuestra prensa siempre dio esquinazo: prosperidad externa, disturbios internos (como la agresión de reguetoneros a trovadores el pasado diez de noviembre en Ciego de Ávila), asesinatos, robos, corrupción, ideas y actividades de los opositores (y represión consecuente), etc. Una cosa es dar un bandazo hacia la prensa amarilla, sensacionalista, y otra meter la cabeza en la arena ante eventos que, de todos modos, acaban por saberse.
 Que sea el gobierno quien insista en la necesidad de una prensa más abierta, menos doctrinaria, y los interesados remoloneen y no parezcan eso, interesados, tendría el cariz de una paradoja si no fuera porque la actitud de los segundos es lamentable secuela de la intolerancia, por tantos años, de los primeros. Aun ahora se hace trinchera del criterio de una verdad buena para todos, cuando tanto la filosofía como los avances tecnológicos de hoy apuestan por la diferencia, el individuo, el espacio personal. Nos guste o no, el ciudadano moderno tiene canales para el consumo y análisis privado de la información. Por eso no seremos ciudadanos modernos bajo una prensa unificadora. No puede existir una prensa diferente si la gente sigue viviendo del mismo modo. No se puede escribir sobre temas realmente medulares si las relaciones de poder, los mecanismos de control y la vulnerabilidad del individuo permanecen prácticamente intactos.
 Si los medios oficiales no se atreven a lanzar la primera piedra –todo lo más, una tímida tiza- la prensa independiente, opositora, peca del mismo problema en el espejo: ve negro cuanto aquellos postulan blanco. Su filosofía parece ser qué rico que a esta gente le salgan mal las cosas; dicho de otro modo, lo bueno de esto es lo malo que se está poniendo. Es cierto que puede esgrimir una buena razón, a saber, nunca antes tuvimos algo así, y ahora tampoco es ni mucho menos un oficio exento de peligros: sigue siendo ilegal y, en buena medida, perseguida. Por ello es comprensible que no haya pasado aún (salvo fugaces excepciones) de la catártica embriaguez, el júbilo por la denuncia misma, el gozo de meterse con todo y achacarlo a las más sórdidas motivaciones posibles. En el fondo, apuestan a la misma arma que los medios oficiales: la dificultad para confrontar lo que se dice con otras fuentes verificables.
 Como ocurre bajo los colores oficiales, en las noticias y análisis independientes que me llegan a menudo hay desde ensayos razonados que merecen estudio hasta alegatos en pro de lo indefendible, pataletas y tonterías. Improvisados y rabiosos suelen enfocar un montón de problemas como el resultado exclusivo de la represión comunista; odiarían reconocer que la policía espía y reprime en todas partes, que dondequiera hay control en los medios sobre lo vulgar, lo inapropiado, obsceno (yo no creo que desterrar el reguetón de los circuitos de distribución solucione nada, el reguetón no es causa sino consecuencia, pero suponer que se trata de un nuevo repunte de prohibiciones similares a las que sufrimos en los años sesenta y setenta es ridículo), que los malabares de la retórica oficial para no admitir públicamente el brote y extensión de determinadas enfermedades constituyen estrategia recurrente en todas partes del mundo: ustedes sean limpios, lávense las manos y fíjense en lo que comen, que nosotros nos ocupamos de todo. Lo mismo si hay una erupción volcánica o un tiburón en la playa: que no cunda el pánico, o será peor.
 Necesitamos prensa opositora. La necesitamos libre y legal. Insisto, no es lujo, sino necesidad. Resultaría beneficioso incluso para los oficialistas, que se esforzarían más, escribirían mejor. Entretanto, Cuba sigue escapándose a los esfuerzos por describirla. Y es que dos mentiras a medias no hacen una verdad.

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