Saturday, September 21, 2013

LA SOLUCIÓN NO SON LOS CARTELES

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Edificio de la que fuera una gran avenida. 

Red Cubana de Comunicadores Comunitarios

Miladys Carnel González

La Habana, 21 de septiembre, 2013
La Calzada de Diez de Octubre, antigua Jesús del Monte, nombrada así por la Iglesia que allí se construyó, auxiliar de la Parroquia Mayor de la Habana y que conformaba parte de la apariencia de la localidad, es una muestra significativa de cómo la capital se ha ido desplomando con el pasar de los años. A ambos lados de esta calle, comenzó a gestarse una gran actividad económica; así como asentamientos de pobladores de esta región. Aquí había construcciones de estilo único con el uso de bóvedas y columnas de diferentes tipologías constructivas y estructurales.
De la simbólica Calzada Jesús del Monte no queda ni tan siquiera el nombre con el que fue bautizada, ella es una de las avenidas más transitada en la actualidad en La Habana con función de enlazar barrios como La Palma, Luyanó, Víbora, Santos Suárez, etc.
Los que usan diariamente esta calzada para transitar, ya sea caminando o en un vehículo motor, le es fácil observar el deterioro y el eminente peligro que presentan las diferentes edificaciones a lo largo de la misma. Las casas coloniales y edificios que se levantan hace más de dos siglos, algunas ya agotadas por el tiempo, maltratadas por el clima de nuestro país, fueron concebidos por arquitectos e ingenieros de la época, teniendo en cuenta todas estas condiciones y les dieron una vida útil, más corta que los años que hoy en día estas estructuras han cumplido, unido a ello la falta de mantenimiento.
Es fácil entender por qué la mayoría de las casas se encuentran en estado crítico, casi inhabitables; corren siempre las noticias y los comentarios de barrio, de los derrumbes ocurridos desde Santa Catalina a Pocitos. La agencia de pasajes, algunas tiendas, pequeños centros gastronómicos que aquí se encuentran se han desplomado; así como la cubierta de viviendas a ambos lados de la calzada.
Estar transitando por allí es un peligro potencial, aunque se encuentran paradas de ómnibus como las rutas P6, P8 y P9. Se hace difícil circular por los portales y no sentir el temor de que colapsen y vengan hacia abajo, pero diferente a lo que sucede en las calles de Centro Habana, no se puede caminar por la calle debido al intenso tráfico, de todo tipo de vehículos, por lo que no hay más opción que exponerse al peligro, y arriesgar la vida al transitar cerca de estos edificios.
La solución de la oficina de Planificación Física del mismo municipio, fue colocar unos carteles alertando: "Peligro Aleros" pero esto no resuelve el problema, esperar que se derrumbe cualquier construcción es condenar a las personas a morir bajo escombros.
Los carteles de alerta no son la solución. Estas antiguas viviendas sin mantenimiento y con muy mal aspecto, hacen parecer una ciudad en ruinas y al régimen cubano poco le importa esta situación. Los salario tan bajos que tienen los trabajadores cubanos, apenas les permiten sostener a sus familias y menos reparar sus moradas.
Será bien difícil recuperar y devolver a la Calzada de 10 de Octubre su belleza y seguridad, mientras que el grupúsculo de dirigentes vive con sus familias en lujosas mansiones y barrios residenciales.
Al pueblo solo le queda unirse y hacer más fuerte la idea de que es necesario un cambio, exigir nuestros derechos y pedir que se haga justicia. Cuba somos todos, los de aquí y los de fuera, merecemos algo mejor que la existencia tan difícil que nos han obligado a tener por más de 50 años.

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