Tuesday, January 21, 2014

EL CASTRISMO DERROTADO Y EL FUTURO DE CUBA



Brasil, 21 de enero, 2014.
Ha aparecido en el exilio un formidable artículo de fondo del opositor cubano Alexis Jardines, que puede considerarse como la sepultura definitiva de la teoría marxista aplicada a la sociedad cubana de hoy. Es una crítica sustentada y contundente a las pretensiones hegemónicas de una intelectualidad de izquierdas, que ha hecho del marxismo una especie de religión.
El fundamentando enfoque de base teórica, carece sin embargo de un amplio y necesario enfoque político, que se ha restringido al análisis del supuesto potencial anexionista de la sociedad cubana actual, de dentro y fuera de la isla. El hecho del autor haber escrito el análisis viviendo en Puerto Rico, que disfruta de las ventajas --e inconvenientes-- de su condición de “estado libre asociado” a Estados Unidos, probablemente influyó decisivamente en el texto.
 Hay sin embargo una necesidad de que los argumentos expuestos por Jardines se trasladen del terreno anexionista al puro terreno político nacional --independiente y soberano-- como una buena parte de la oposición política cubana desearía. La tesis anexionista expuesta --analizada sin prejuicios-- debe sin dudas estar en el pareo político futuro, donde --también sin dudas-- la soberanía de la isla igualmente acaparará adeptos. El hecho que la propuesta soberana haya sido “la” justificativa castrista para sus desmanes, de manera ninguna configura complicidad de una patria libre e independiente con los postulados marxistoides de la pandilla fidelista.
Si Cuba obtuvo la independencia de España de manos precisamente de los Estados Unidos a inicios del Siglo XX, no va a ser el infortunio de no haber podido sacudirse el yugo castrista la causa de un re análisis del estatus independiente cubano, por dos razones básicas: primero, el hecho de que la dirección castrista se plegó a la soberanía soviética durante buena parte del fidelato, y que la dictadura cubana siempre estuvo dispuesta a “ceder su soberanía a cualquier país, mientras no fuera a los Estados Unidos” --como bien dijo Jardines en su análisis-- eso no significa que el “destino manifiesto” de Cuba sea la anexión, ya que los deseos y decisiones de Castro no podemos (ni debemos) tomarlas como decurrentes de análisis cuerdos y sensatos.
En segundo lugar, la sociedad cubana demostró --en la primera mitad del siglo XX-- que fue capaz de crear una fuerte cultura nacional cubana, que hizo bailar al mundo todo en la década de los años cincuenta del ese mismo siglo, que sentó las bases de una economía sana y pujante, que inscribió índices sociales capaces de dar envidia a las sociedades más prósperas de su época, que creó un periodismo de primera línea, fuerte y combativo, que experimentó como líder los desarrollos tecnológicos de entonces, con líneas aéreas propias, cadenas nacionales de radio y TV, transmisiones de TV internacionales, TV colorida en todo el país, etc.
De manera que, si bien la cultura inmaterial cubana se ha visto lesionada por la desidia castrista, el pueblo cubano puede superar el trauma con el potencial que ya ha demostrado más que con creces tener. No por casualidad los vientos que corren dentro de Cuba demuestran esa disposición independiente.
Hace un par de días leímos un comunicado procedente del interior de Cuba, donde se menciona con orgullo la palabra “derecha” en el terreno político opositor, haciendo además dos importantes salvedades: primera, “no somos disidentes pacíficos”, somos “opositores cívicos” y segundo, “estamos movidos por una ideología de centro derecha”.
Hasta hoy, la palabra “derecha” era usada despectivamente por la dictadura para referirse a los políticos opositores cubanos de Miami, con el adjetivo de “derecha reaccionaria”, queriendo crear una dualidad perniciosa para la oposición al castrismo de los residentes de Miami. Para todos los exiliados cubanos es claro que la oposición de Miami es tan plural como la oposición política de cualquiera de los países latinoamericanos y si en realidad hay una mayoría de opositores de “derecha” es porque dentro de la isla han sido demonizados y no les es permitido el lugar que les corresponde en un panorama político libre, como Cuba siempre tuvo.
 El adjetivo “reaccionario” que siempre acompaña a la palabra “derecha” en el metalenguaje castrista, es más aplicable a la izquierda marxista que domina la política cubana de hoy. No hay acciones más “reaccionarias” que el cierre de salas de cine privados dentro de la isla, así como la prohibición de venta de ropa importada a los cuentapropistas, después de haber operado durante meses sin inconvenientes. Son ejemplos más que demostrativos de la real “izquierda reaccionaria” que ordena y manda dentro del régimen militar cubano de los hermanos Castro.
 El comunicado opositor a que se ha hecho referencia antes abrazando la “centro derecha” fue firmado por “Antúnez” líder opositor de total prestigio en las filas democráticas cubanas, demostrando dos aspectos que se conjugan: primero, ya la oposición política cubana no está dispuesta a continuar el juego del metalenguaje socialistoide implantado para dominar el terreno de la ideología, perdiéndose el miedo al “fantasma de la derecha”; y segundo, que el viaje de “Antúnez” al mundo libre le dio el necesario parque ideológico que le faltaba dentro de la isla, sometida al confinamiento, no sólo personal, sino también en el terreno de los significados de la fraseología impuesta por la dictadura en el poder para apoyar la opresión.
La satanización de la “derecha” por parte del marxismo en retirada oculta una de las más importantes opciones ideológicas presentes en el futuro de Cuba a la que la isla no puede, de ninguna manera renunciar. En la Cuba republicana, antes del fracaso socialista, la mayoría de los partidos se hacían llamar “revolucionarios”, “radicales”, “socialistas”…, aspecto que desembocó en el fidelato actual, “revolucionario y socialista” de verdad.
Ojalá que el fracaso de la izquierda en la práctica social cubana termine de una vez por todas con el mito de que los de izquierda son “los buenos” y la derecha “los malos”, como maniqueamente ha impuesto Castro. La lucha en Cuba debe ser la de la implantación de un régimen donde se respete la libertad individual, tanto en sentido económico como en sentido político, sea con los partidos de izquierda, de centro o de derecha, con sus derivaciones. Donde se respete el espíritu emprendedor de cada célula social, erradicando la mentalidad centralista-estatista presente hoy.
 Donde se apoye la iniciativa nacional y no se discrimine la iniciativa y el capital extranjero, pero nunca de manera discriminatoria, como hoy pretende Raúl y sus generales, para repartirse “la piñata de la república” entre amigotes “de la sierra” y parientes cercanos “del partido”. Para la traición política a los cubanos opositores de todas las tendencias, ya Europa prepara su rendición ante los generales de Raúl, temerosos que la irrupción del capital brasileño dentro e Cuba, incite a Norteamérica a finalmente negociar un estatus de tolerancia con el castrismo.
Para ello tenemos que preparar la lucha los cubanos de hoy, porque la Nación cubana, cuando falten los hermanos Castro pedirá cuentas a los verdaderos amigos de su libertad como Nación. Asistimos con mucha tristeza a la derrota de la “posición común europea”, que se apresura a pactar con el castrato de forma festinada y carente de perspectiva.
¿Será que el proceso de acercamiento al castrismo llega a Estados Unidos (si finalmente llega) de forma más acorde con las necesidades de los cubanos demócratas de izquierda, centro y derecha y no como lo que estamos viendo suceder dentro de la Unión Europea, para bochorno de todos? Los cubanos no olvidaremos con el tiempo a los que en esta hora definitiva ayuden a oprimirnos.

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