Monday, January 27, 2014

LOS JEFES DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO NO SE ENTIENDEN



Obras acueducto Santiago de Cuba_internet
Mientras tanto, acueducto de Santiago de Cuba funciona con problemasl
 
Martha Beatriz Roque Cabello. 


Raúl Castro, en su discurso por el Aniversario 55 del triunfo de la revolución, anunció que el acueducto de Santiago de Cuba ya estaba en funciones aunque no totalmente. Pero los que tienen buena memoria recordarán que a finales del año 2007, en una visita a esta provincia, les prometió a los santiagueros que en el 2009 tendrían agua las 24 horas del día. Después hubo que destituir a todos los que estuvieron a cargo de la obra, porque no sirvió. Entonces se ejecutó la obra por segunda vez. Sin embargo, cuatro años después, sin haber concluido exitosamente, no todos reciben agua.
Esto da una idea de lo poco que se respetan las decisiones superiores cuando tienen que ser ejecutadas en la base, lo que trae como consecuencia que los altos funcionarios tengan que incumplir con lo prometido públicamente.
Y es que por mucho que hable Raúl Castro sobre la institucionalización del país, la disciplina, etc…, todo se queda en soflamas y quizás en alguna que otra orden de los niveles superiores, pero el resquebrajamiento de la conducta de los que se subordinan, hace que la situación en el país sea un caos permanente.
Pero no solo son los altos militares quienes practican la indisciplina y la corrupción. Cualquier oficial en activo de la policía, incluso hasta los jefes de  sector, viven por encima de su poder adquisitivo legal, precisamente porque alimentan sus necesidades mediantes oportunidades corruptas que encuentran.
No se trata de disminuir en el plano social los problemas que se han ido presentando durante todos estos años por las escaseces y la desidia gubernamental. Los que dirigen en la base, ya sea a nivel de provincia, municipio o circunscripción, no se sienten con fuerzas para solventarlos del todo, ni siquiera piensan en atenuarlos; más bien la opción es eludirlos, dejando que todo corra.
El mal está tan arraigado y son tan profundas sus raíces, que resulta imposible darle marcha atrás. Y el régimen, que conoce lo que sucede en la sociedad, trata de poner un parche y otro para que la corrupción no se derrame a chorros y de esa forma darse el tiempo que necesita para mantenerse en el poder.
Se podrían sacar múltiples ejemplos que harían una sumatoria de hechos que corroboran la rotura de la línea de mando, así que los de arriba ya no encuentran a los de abajo.

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