Saturday, May 31, 2014

EL GRAVE PROBLEMA DE LA VIVIENDA EN CUBA

Cuba, el angustioso problema de la vivienda

Nora Gamez Torres

Más de dos millones y medio de personas en Cuba no tienen acceso a agua potable dentro de sus casas, según datos del censo de población del 2012 publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), que reflejan el persistente problema de la vivienda en la isla. Según el reporte, todavía existen en Cuba 19,095 habitaciones de cuartería en solares o ciudadelas; 86,281 bohíos construidos “con paredes exteriores de yagua o tabla de palma y techo de guano”; 12,426 viviendas improvisadas “con materiales no adecuados o de desechos como cartones, planchas metálicas, fibrocemento u otros”, así como 1,718 viviendas móviles (barcos, botes, vagones de ferrocarril, tráilers, contenedores) o fuera de toda clasificación como “cuevas” y “carpas de lona”. En total, suman más de 108,000 viviendas precarias.
Pero la precariedad puede ser mayor, si se considera que más de dos millones y medio de personas tienen acceso al agua por tubería fuera de sus viviendas y otros 223,226 hogares tienen baño o ducha fuera del inmueble.
Además, solo alrededor de la mitad de todas las casas y apartamentos tiene techo de placa u hormigón, lo que apunta a la alta vulnerabilidad de las construcciones restantes ante el embate de eventos climáticos. Los huracanes Ike y Gustav en el 2008 dañaron más de medio millón de viviendas mientras que tras el paso del huracán Sandy en el 2012, más de 211,000 fueron afectadas, según un reporte de la ONU.
En el 2009, funcionarios del Instituto Nacional de la Vivienda informaron que el 43% de las viviendas en Cuba se encontraban en estado “malo” o “regular.”
Por otra parte, el censo también halló una disminución en el número de personas por “unidades de alojamiento”, de 3.16 en el censo del 2002 a 2.87 personas en el estudio actual. El indicador “unidades de alojamiento” incluye viviendas particulares, pero también asilos, orfanatos y locales de trabajo adaptados para dar albergue a trabajadores.
La disminución fue rápidamente atribuida por especialistas de la ONEI, citados en el diario oficial Granma, a un crecimiento en la construcción de viviendas, que supuestamente fue superior al de la población.
Pero el economista Carmelo Mesa Lago, nominado al premio Príncipe de Asturias este año, ha documentado en su libro Cuba en la era de Raúl Castro el creciente déficit habitacional —que estima en alrededor de un millón— así como la caída en la edificación anual de viviendas. Según Mesa Lago, la construcción de viviendas desde 1989 hasta el 2011 cayó en un 48%. Ese año, apenas se construyeron 32,540. La emigración también incide en la disminución de estas tasas de ocupación, pues evidentemente menos personas residen en los inmuebles.
Otro aspecto interesante que revela el censo es el impacto social del desmantelamiento de la industria azucarera que comenzó a partir del 2002, con el cierre de 71 centrales. Justo ese año, el censo contabilizaba 3,629 caseríos o bateyes, con menos de 200 habitantes. Estos caseríos usualmente se encontraban alrededor de centrales azucareros. Una década después alrededor de 200 parecen haber desaparecido pues el número se redujo a 3,442.
Natalidad y crecimiento poblacional
Las tasas de crecimiento poblacional reportadas en los censos cubanos ha tenido saldo negativo en tres períodos históricos: en 1899, justo después de la guerra de independencia que inició en 1895; en 1980 tras el éxodo del Mariel, y en varios años a partir de 2006, incluido el año censal del 2012.
El saldo negativo significa que no nacen suficientes personas para “compensar” el número de las que fallecen o emigran.
Cuba tiene una estructura poblacional que se corresponde con la de países que han experimentado procesos de modernización. Esta se caracteriza por una baja natalidad y un alto índice de envejecimiento poblacional. En el caso cubano, el 18% de la población tiene más de 60 años. Pero las causas del bajo crecimiento poblacional no pueden atribuirse solamente al proceso de transición demográfica típico de países con alto desarrollo y alta incorporación de la mujer al trabajo.
El tema ha generado un debate entre activistas y periodistas cubanas que se han quejado de que la prensa y los funcionarios de la ONEI han insistido en la baja natalidad como causa principal de este fenómeno, sin mencionar la emigración ni la profunda crisis económica que ha llevado a muchas mujeres a postergar, limitar o incluso renunciar a tener hijos.
En un gesto inusual, la periodista y activista feminista Lirians Gordillo envió una carta abierta dirigida al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) para quejarse del tratamiento del tema en un reportaje transmitido en el Noticiero Nacional y que iniciaba afirmando: “Tener un hijo ha de ser la mayor aspiración de una pareja”.
La periodista Helen Hormilla también circuló por las redes sociales un artículo en el que decía estar “harta de escuchar por los medios cubanos, en boca de periodistas, especialistas y hasta de altos dirigentes de la nación, que las mujeres somos responsables por la baja fecundidad del país”. Hormilla señala que durante años algunos demógrafos habían estado advirtiendo sobre la emigración de mujeres jóvenes en edad fértil. La periodista llamó además a defender el derecho al aborto como una conquista de las mujeres cubanas.
El fenómeno que funcionarios y periodistas oficiales prefieren omitir en los análisis del censo es la emigración. Entre el 2000 y el 2006, emigraron 226,078 personas, el número más grande desde 1960, según datos recogidos por Jesús Aja Díaz, profesor del Centro de Estudios de Migraciones Internacionales de la Universidad de La Habana. De acuerdo con los datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, en el año 2010 se registraban en el país más de 1,800,000 personas de origen cubano, cifra solo superada por la población de La Habana.
Y la tendencia es al aumento creciente de la emigración de cubanos hacia Estados Unidos y otros países—en cifras que van desde un cuarto a medio millón de personas en una década—si no cambia significativamente la situación económica y política de la isla, según plantea el profesor Jorge Duany, director del Centro de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de la Florida, en su libro Blurred Borders: Transnational Migration between the Hispanic Caribbean and the United States.
Los problemas del censo
Mesa Lago y otros académicos han demostrado cómo ciertas estadísticas e indicadores económicos como el PIB se “sobreestiman” en Cuba al manipularse el modo en que son evaluados. Pero la metodología del censo tiene otras limitaciones.
Según Sergio Díaz-Briquets, consultor y demógrafo experto en el tema de la vivienda en Cuba, el principal problema de los censos cubanos no es la distorsión o tergiversación de los datos, sino su presentación. “Cada vez varía el tipo de información y las tablas que aparecen, de modo que es muy difícil cruzar variables o hacer apreciaciones”.
Los investigadores también se quejan de las variaciones de los indicadores y el acceso tardío a los datos finales, que se presentan luego de dos o tres años. Quienes intentan acceder a la página web de la ONEI también se encuentran con enlaces que, casualmente, no funcionan, como el correspondiente a la tabla de “Tenencia de equipos domésticos”.
Esto puede estar relacionado con otro de los problemas metodológicos de los censos cubanos: el subregistro de datos. Es muy probable que el número de electrodomésticos reportado sea inferior a la realidad. En un país donde los ciudadanos son recelosos de las investigaciones estatales, muchos no mencionaron u escondieron computadoras u otros objetos adquiridos de manera ilegal o informal. Según datos del 2011, existían 1,315,100 líneas telefónica móviles. No se puede saber, sin embargo, cuántos teléfonos celulares se reportaron en el censo pues la información no está disponible.
El hecho de que muchos datos dependen de las respuestas que dan los entrevistados debe ser tomado en cuenta también a la hora de interpretar los datos. Por ejemplo, el estudio constató la tendencia a la disminución de los porcentajes de población blanca y negra. En el censo anterior estas cifras se ubicaban en 65% y en 10.1%, respectivamente. El conteo del 2012 encontró que la población blanca disminuyó a 64.1% y la negra a un 9.3%. Al mismo tiempo, la población mestiza pasó del 24.9% al 26.6%, lo cual fue atribuido en la prensa cubana a una tendencia creciente al mestizaje.
Aunque la hipótesis es plausible, también hay que considerar otros factores como la mayor emigración de población blanca o incluso el racismo todavía existente en Cuba, que puede presionar a personas de la raza negra a declararse como mestizos.
A simple vista, el cuestionario concibe a la familia a partir del modelo vertical y patriarcal de poder predominante en Cuba, al mantener el indicador “jefe del hogar” para designar “a la persona que todos le consultan las decisiones a tomar o que tiene el mayor peso en ellas”. En Estados Unidos se desechó esa terminología en 1980, por considerarla “inapropiada”, si se toman en cuenta los cambios sociales en las dinámicas hogareñas, sobre todo en la repartición de responsabilidades.
Sin embargo, como demuestran las protestas de Gordillo y Hormilla, este censo se realizó en un contexto donde las voces críticas se han multiplicado dentro de la isla, incluso dentro de sectores que no se consideran opositores. Desde su implementación, varios académicos, activistas y blogueros no vinculados a la oposición criticaron el censo por no desagregar estadísticas por razas. Asimismo el censo reciente fue tachado de “homofóbico” por no considerar las uniones entre personas del mismo sexo.
http://www.elnuevoherald.com/

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