Friday, June 27, 2014

"LAGO DE LAS INDISCIPLINAS" EN EL BALLET DE LA HABANA

  • Mujer irrumpe en presentación del Ballet Nacional de Cuba

     

Intrusos sobre el escenario, móviles encendidos y bebés llorando boicotearon la última función celebrada por el Ballet Nacional de Cuba (BNC) en La Habana, según denunció el diario oficial Granma, que pidió acciones concretas contra las "indisciplinas" del público en esos espectáculos.

En una reseña sobre las funciones de "El Lago de los Cisnes" ofrecidas por esa compañía el pasado fin de semana en el Teatro Nacional, el rotativo destacó que el problema de la indisciplina social "está haciendo mella también en los teatros".

"Niños de brazos llorando, celulares que no se apagan, voces inoportunas, vestimentas incorrectas y actitudes impropias como la que protagonizó una mujer que en el momento cumbre del segundo acto irrumpió en la escena tratando de boicotear la labor del BNC", describió Granma a partir de lo sucedido en la función del pasado domingo.

El diario calificó de "acción injustificable, inaudita, vulgar" lo ocurrido, y dijo que "se debe poner coto ya, sin contemplaciones" a esas "conductas impropias que proliferan como las malas hierbas". "Sobre esas actitudes es momento ya que caiga el peso de la justicia", consideró.

Según el periódico, "en ello va en juego algo tan importante como nuestra idiosincrasia y nacionalidad, y nadie tiene derecho a echar por tierra el sacrificio que ha costado construirla".

No obstante, Granma resaltó que "el público asistente a esa jornada, con sus ovaciones a los bailarines cuando volvieron a escena dieron su apoyo incondicional a una compañía, que es, sobre todo, patrimonio de nuestra cultura, orgullo de la cubanía, bandera alta que ondea con luz propia por dondequiera que se presente en el mundo".
---
GRANMA

Un Lago profundo... de reflexión

Cada una de las bailarinas que interpretaron ese difícil doble papel, reclama la más justa va­lo­ración de sus facultades y aportes indi­vidua­les. Y ello no implica concesiones, sino un cri­terio inteligente que permita al espectador se­guir sus ejecuciones, no con el ánimo de establecer comparaciones inútiles, sino de descubrir lo que sus personalidades artísticas son capaces de dar­nos


Amaya Rodríguez y Arián Molina en el Lago. Foto: Nancy Reyes
El lago de los cisnes es un ballet que juega con las memorias, en el que la danza clásica —como decía Carpentier— “se desdobla en ternura”. En la primera semana del clásico sobre las tablas de la sala Avellaneda del teatro Nacional, un grupo de jóvenes bailarines del Ballet Na­cional, tuvo una buena oportunidad y un compromiso: mantener el prestigio de una célebre compañía.
Cada una de las bailarinas que interpretaron ese difícil doble papel, reclama la más justa va­lo­ración de sus facultades y aportes indi­vidua­les. Y ello no implica concesiones, sino un cri­terio inteligente que permita al espectador se­guir sus ejecuciones, no con el ánimo de establecer comparaciones inútiles, sino de descubrir lo que sus personalidades artísticas son capaces de dar­nos.
En una de las más completas funciones de la temporada, la primera bailarina Viengsay Val­dés, como Odette-Odile estuvo espléndida. In­teligencia, lirismo y fuerza marcaron su desempeño. En su Odette no hubo disonancias. De­mostró la coherencia de su desarrollo artístico, y tejió hasta el último detalle el cisne blanco. Odile fue de alto calibre, guardando para la coda buenas cartas, en especial el giro quíntuple al co­mienzo de la serie de fouettés combinados, los violentos piqués, el desplazamiento a lo ancho del escenario en arabesque sauté (la conocida vaquita) y el salto final perfectamente sorteado y llevado a buen término por el joven partenaire Víctor Estévez como el Príncipe Sigfrido.
Él, un bailarín idóneo —físicamente— para estos papeles, va desarrollándose del lado técnico, aunque con ciertas limitaciones sobre todo del lado de la proyección del personaje al que debe inyectar más vida.

LAGOS DIFERENTES
Otras figuras que van haciendo historia en la compañía, asumieron roles protagónicos. Ya­nela Piñera va madurando y dejando en claro sus condiciones. Su Odette fue dibujada por su personalidad, parecía toda una consagrada, aunque debe poner énfasis en ciertos matices del rostro para lograr la perfección. La Odile tuvo altos instantes porque condiciones naturales le sobran.
Los minutos del dúo de amor dieron oportunidad para una entrega estética de alto nivel, donde afloró la excelencia de la labor de pareja de Camilo Ramos.
Antes de entrar a comentar la función del domingo último, es menester volver a poner énfasis, esta vez con mayor fuerza, en el tema de la indisciplina social, que como se ha dicho desde estas páginas una y otra vez, está haciendo mella también en los teatros.
Niños de brazos llorando, celulares que no se apagan, voces inoportunas, vestimentas incorrectas y actitudes impropias como la que protagonizó una mujer que en el momento cumbre del segundo acto irrumpió en la escena tratando de boicotear la labor del BNC.
Acción injustificable, inaudita, vulgar y tantos otros adjetivos con los que se deben calificar esas conductas impropias que proliferan como las malas hierbas, y a las que se debe poner coto ya, sin contemplaciones, porque en ello va en juego algo tan importante como nuestra idiosincrasia y nacionalidad, y nadie tiene derecho a echar por tierra el sacrificio que ha costado construirla.
Sobre esas actitudes es momento ya que cai­ga el peso de la justicia, aunque el del público asistente a esa jornada, con sus ovaciones a los bailarines cuando volvieron a escena dieron su apo­yo incondicional a una compañía, que es, sobre todo, patrimonio de nuestra cultura, orgullo de la cubanía, bandera alta que ondea con luz propia por dondequiera que se presente en el mundo. Y merece, como tal, el más riguroso respeto de to­dos y cada uno de los asistentes a sus funciones.
Por supuesto, que esa acción contrarió a los intérpretes, en particular a los protagonistas Ama­­ya Rodríguez y Arián Molina, quienes en los primeros instantes, los nervios y la desconcentración lógica, salieron a flote. Algo que con el de­cursar del tiempo se transformó en empeño por hacer una magistral interpretación, lograda en to­­da su extensión.
Ella, como Odette acercó un personaje tierno y angustiado. Fuertes aplausos saludaron, ya al final del adagio, un desempeño cuajado de sensibilidad. Otra faceta de la bailarina trajo el tercer acto. Su Odile no es en modo alguno espectacular. Queda en claro una vez más como enseñanza que El lago… no es solo el limitado desafío técnico que tanto esperan muchos aficionados, sino un gran ballet que demanda una dosis artística, de la mano de una técnica lograda.
Ella está en el momento dirigido a pulir un personaje que va haciendo cada vez más suyo. Arián Molina dejó agradable estela, primero en la danza española del viernes junto a la juvenil Dayesi Torriente, y después en el Sigfrido.

EN CONJUNTO
El pas de trois del I acto, pasó sin espectacularidad unísona, en estas funciones comentadas. Hubo, eso sí, actuaciones brillantes aisladas, co­mo las protagonizadas, entre otras, por Lissi Báez; Ginett Moncho, Grettel Morejón y Es­they­sis Menéndez, así como Serafín Castro, muy bien en su variación aunque en la coda tuvo ciertas imperfecciones.
El pas de six del viernes (Aymara Vasallo, Ana­lucía Prado, Amanda Fuentes, Alejandro Silva, Raúl Morera y Lyvan Verdecia), merece un particular aplauso, por la entrega de estos bailarines.
Vale la pena detenerse en un papel que generalmente pasa sin penas ni glorias por la escena: la reina madre que en la piel de la elegante Ca­rolina García adquiere tintes reales. Algo que tam­bién logra la consagrada bailarina que es Ive­tte González.
En términos generales el cuerpo de baile, es­pecialmente en el acto blanco estuvo bastante homogéneo, y de la música —punto neurálgico en estos días—, se escucharon no pocas disonancias en los metales de la orquesta. Aunque a decir verdad, el viernes sonó mucho mejor, siempre de la mano del joven y ágil director Giovanni Duarte. El Lago de los cisnes continuará este fin de semana en el teatro Nacional.

No comments:

Post a Comment