Thursday, February 26, 2015

CUBA PUBLICA EN SU PRENSA OFICIALISTA NEGATIVO ENFOQUE DE ODIO DE LA CIUDAD DE WASHINGTON, CUANDO SE LLEVA A CABO LA SEGUNDA RONDA DEL DIÁLOGO ENTRE LOS DOS PAISES


Segundo encuentro Cuba-EEUU: Un viaje por dos Washington

26 febrero 2015
Monumento a Washington. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
El Monumento a Washington (Washington Monument) normalmente hace referencia al gran obelisco blanco localizado en el extremo oeste del National Mall de Washington D.C.. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
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Este es el emporio de los congresistas y senadores, algunos de ellos sin alma, y también el espacio que habita un pueblo mayoritariamente negro, con una alcaldesa descendiente de africanos y amada por su gente. Aquí está la plaza donde Pete Seeger cantó “esta tierra es nuestra” y llamó a los obreros a tomar las fábricas. Es Washingto, ciudad imperial y ciudad esperanza, que sabe que Cuba no es un país terrorista y jamás habría puesto a la Isla del Caribe en esa lista infame. Veremos qué Washington recibe en la mañana de este viernes a los cubanos en el Departamento de Estado. »
"Mientras, hay pobres que a esa misma hora se acuestan en plena calle sobre los registros del metro para aliviar el crudo invierno". Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

“Mientras, hay pobres que a esa misma hora se acuestan en plena calle sobre los registros del metro para aliviar el crudo invierno”. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Una mujer acampa frente a la Casa Blanca en vigilia de protesta por las acciones de Israel contra los palestinos. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Una mujer acampa frente a la Casa Blanca en vigilia de protesta por las acciones de Israel contra los palestinos. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

I

Washington parece envuelta en un sudario esta mañana. Amaneció con una fuerte ventisca, que amontona la nieve sobre todo lo que no está bajo techo, incluidas las ramas secas de los miles de árboles que bordean el Potomac, de donde cuelgan carámbanos y pequeños nudos de hielo. Son tan blancas las carreteras, las casas, el río congelado que no hay modo de distinguir dónde empieza la calle ni dónde termina la ribera. Nos recuerda aquella “infinita ceguera blanca, como un mar de leche” que padecían los personajes de la célebre novela de José Saramago.
Pero esta ciudad monumental, meca del capitalismo, también resulta extraña porque no hay un solo cartel publicitario en el paisaje, salvo las múltiples estatuas que, por su tamaño y elegancia, son como apoteosis de los héroes –el de Lincoln, Jefferson, Martin Luther King, Simón Bolívar frente a los muros del Departamento del Interior, Benito Juárez junto a Watergate. El aire espectral lo refuerza el hecho de que hay poca gente y automóviles en las calles a las ocho de la mañana. Por la dureza del clima y las bajas temperaturas, las autoridades emitieron un aviso que permite a los funcionarios llegar dos horas más tarde al trabajo y las escuelas no han abierto hoy.
Coincidimos, Ismael Francisco -el fotógrafo de Cubadebate- y yo, en que este ambiente fantasmagórico parece el decorado de una película que podría ubicarse en cualquier época. En el Siglo XIX, por ejemplo. Y aquí estamos frente al antiguo edificio que albergó la Secretaría de Estado de hace 125 años, tal como lo vieron sus contemporáneos. Quien conozca las crónicas que escribió José Martí para La Nación, de Buenos Aires, recordará las descripciones de este lugar, donde sesionó la Primera Conferencia Internacional de las Naciones Americanas, que iniciara el “panamericanismo” y que se celebró en “aquel invierno de angustia” de 1889. Martí nos habla de los representantes de “las dos nacionalidades de América”  y diferencia a los del Sur de los anfitriones del Norte, hijos de aquella “América con un pueblo de intereses distintos, composición híbrida y problemas pavorosos (…), un pueblo agresivo de otra composición y fin”.
Martí nunca visitó Washington. Seguía este acontecimiento desde Nueva York, por los periódicos. A despecho de los pronunciamientos oficiales del entonces Secretario de Estado, James G. Blaine, que hablaban de inteligencias mercantiles, comunicaciones navieras, arbitrajes y otras inocencias aparentes, la prensa más sincera dejaba entrever el pulmón del águila, un animal tallado en las piedras de la antigua sede de la Cancillería, que se conserva como entonces, a un costado de la Casa Blanca. Ismael toma la instantánea. La fachada es idéntica a la que lucen las fotos de 1889. Con un poco de imaginación se pueden ver a los caballeros de ambas Américas –salvo el representante de República Dominicana, que soberanamente decidió no estar, y el de Cuba, entonces bajo dominio Borbón- enfundados en sus gruesas capas y sus sombreros de fieltro, posando para la foto oficial bajo los arcos del edificio. Martí narra el momento:
“Al otro día, a las doce, fue la delegación en masa a la Secretaría de Estado. En la sala diplomática los esperaba, de pie, un hombre pálido, de ojo incisivo y cabello a la frente, de sonrisa imperial y mano suave. Y en el primer fulgor empezó su discurso, el discurso de la sentencia maravillosa, del Mail and Express, el discurso de las sonoras evasivas del Evening Post, ‘Poder, comunicaciones más rápidas’.”
Blaine, que vivió y murió en el Siglo XIX, sigue siendo un contemporáneo de los funcionarios del actual Departamento de Estado.
(SIGUE UN LARGO ARTÍCULO)

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