Friday, February 20, 2015

EL OCASO DE NUESTROS TIRANOS

El verdadero problema para ellos es que ahora todos los cubanos empiezan a bailar una rumba de libertad y los tiranos ya no tienen piernas para mantener ese ritmo acelerado por mucho tiempo.
 La Nueva Nacion
Feb 19
Por Alfredo M. Cepero
lanuevanacion.com
  Los apaciguadores serán la mayoría pero nosotros somos una minoría que no cambia principios por limosnas porque sabemos que la historia de las luchas por la libertad ha sido escrita por minorías que se negaron a bajar la guardia.
El principio de este 2015 ha desatado una tormenta de desesperanza sobre muchos cubanos que han dedicado toda una vida a la lucha contra la tiranía Castro-Comunista.
En su desesperación por lograr éxitos que le compensen sus descalabros internos y por comprar amigos que le satisfagan su narcisismo enfermizo, Barack Obama decidió cometer otra de sus canalladas. Las conversaciones entre Obama y Castro, bochornosamente bendecidas nada menos que por el Papa, desembocaron en un pacto de desesperados, el frustrado aspirante a tirano y el fracasado tirano ensangrentado.
Tal como ha hecho en sus negociaciones con Putin y con los clérigos iraníes, el Mesías en caída vertical le tiró una tabla de salvación a unos tiranos a punto del naufragio ante la pérdida inminente de las regalías de petróleo venezolano.
Para muchos opositores cubanos esto ha sido equivalente a una sentencia de muerte para la causa de nuestra libertad.
Yo, sin embargo, pienso todo lo contrario. Me explico. Es una verdad incontrovertible que los tiranos se perpetúan por el inmovilismo mientras sus opositores ganamos terreno con el movimiento. Su auto infringido desastre económico ha obligado a los Castro a bailar con la música del odiado Imperio. No importa cuanta independencia reclamen ni cuantos alardes hagan defendiendo una falsa soberanía que antes entregaron a la Unión Soviética.
 El verdadero problema para ellos es que ahora todos los cubanos empiezan a bailar una rumba de libertad y los tiranos ya no tienen piernas para mantener ese ritmo acelerado por mucho tiempo. Quienes lo dudaran sólo tendrían que mirar una foto virtual de la gavilla de dinosaurios decrépitos que siguen tomando las grandes decisiones.
Porque esos jóvenes que ellos muestran como una generación de relevo son todas figuras decorativas en la gastada telenovela con la que todavía siguen tratando de engañar al pueblo. Por otra parte, esta componenda entre Obama y nuestros tiranos ha traído consigo considerables beneficios porque ha delimitado los campos entre quienes se les rebelan y quienes se les someten. Se ha simplificado la "sopa de letras" que ha caracterizado a la oposición cubana desde los inicios de esta lucha. Están quienes aceptan soluciones a medias y quienes exigimos soluciones permanentes.
Quienes dicen oponerse al pacto Obama-Castro pero siguen suplicando cambios a un régimen que se ha negado a cambiar por 56 años. Quienes no estamos interesados en un monólogo con sordos ni en hablar de cambio con unos matarifes que saben que si cambian pierden.
Quienes se conforman con una tiranía benévola y quienes demandamos la desaparición total de los tiranos. Los apaciguadores serán la mayoría pero nosotros somos una minoría que no cambia principios por limosnas porque sabemos que la historia de las luchas por la libertad ha sido escrita por minorías que se negaron a bajar la guardia. Los cubanos no tenemos que ir muy lejos. Ahí tenemos el ejemplo de los hombres que forjaron nuestra libertad. Todos nuestros historiadores, desde Santovenia y Pérez Cabrera hasta Márquez Sterling y Portell Vilá, coinciden en que la infamia más grande perpetrada por la metrópolis española contra nuestro pueblo fue la reconcentración ordenada por el asesino de Valeriano Weyler el 16 de febrero de 1896.
Algunos de estos historiadores estiman que, como consecuencia de aquella salvajada, de una población de un millón seiscientos mil habitantes, murieron 300,000 hombres, mujeres y niños, entonces el 20 por ciento de nuestro población total. Weyler los obligó a abandonar sus fincas y concentrarse con vacas, caballos y gallinas en ciudades controladas por la soldadesca española. El objetivo fue privar de alimentos a los insurrectos y quebrar su voluntad de lucha. Pero le salió el tiro por la culata.
 Ni Gómez ni Maceo fueron a pedirle tregua. Por el contrario, se mantuvieron firmes y, como premio a su coraje, vieron aumentar sus filas. Al final, los procónsules españoles tuvieron que salir corriendo como un día que ya se acerca tendrán que hacerlo estos engendros diabólicos del gallego Angel Castro, soldado de Valeriano Weyler, que cambiaba cercas en la noche oriental y mataba negros en su orgía de prepotencia y de avaricia.
 Hablando en tiempo presente, los cubanos que amamos a la patria no tenemos un minuto que perder porque nuestros enemigos, aunque no lo admiten y lo sigan negando, están totalmente derrotados. Es imprescindible e inaplazable que quienes compartimos principios y metas nos demos a la tarea de coordinar nuestras fuerzas.
 Una santa alianza para la reconquista de nuestra libertad donde no haya lugar para intereses personales ni oportunismos mezquinos. Quienes nos califiquen de idealistas e ilusos tengan presente que sobre los cimientos sólidos de sus ideales construyó nuestro Apóstol la estructura de la nación cubana que rubricó con su muerte en el campo fatídico de Dos Ríos. Que precisamente por abandonar esos ideales caímos por el despeñadero de la politiquería y de la tiranía. Tengo sin embargo por estos días muchos motivos para la esperanza.
 En Cuba y en el exilio se han definido y delimitado los campos. Confrontados con la alta probabilidad de que nos vendan la patria a una pandilla de mercaderes y traidores, los pesimistas han recuperado el optimismo y los aletargados han despertado. Compatriotas de todos los rincones nos preguntan sobre el programa y los principios de nuestro Partido Nacionalista Democrático, del Partido Unión por Cuba Libre y del Proyecto Emilia, avanzadas en la confrontación abierta contra la tiranía.
 Tres instituciones que, bajo el liderazgo del Dr. Oscar Elías Biscet, forman una especie de Roca de Gibraltar, inconmovible en sus convicciones y firme en su línea de rechazo absoluto a los tiranos. Para nosotros, como una vez para César, "la suerte está echada' y nos negamos a dar un solo paso atrás mientras los tiranos sigan usurpando el poder.

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