Monday, October 19, 2015

¿QUÉ DIJO GALILEO?



SIN EMBARGO... SE MUEVE

En 1632 Galileo publica su famosa obra Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo: el ptolemaico y el copernicano provocando gran revuelo en el mundo académico y religioso. Al optar por la forma de diálogo, Galileo pretendió zafarse de posibles represalias, expresando sus ideas a través de un tercero… El mismo año de la publicación fue citado por la iglesia con orden de acudir de inmediato a Roma para presentarse ante el tribunal. Vivía en Florencia y los médicos consideraron que un viaje a Roma ponía en peligro su salud. El papa Urbano reaccionó airado, ordenando a Galileo a viajar, incluso de a pie… o encadenado si fuera necesario. Había otra razón de la molestia del papa: en el Diálogo aparece defendiendo el modelo ptolemaico con el nombre de Simplicio… Urbano, quien solía afirmar que sabía más de todos sus cardenales juntos, concluyó que Simplicio era su propia caricatura.

Galileo emprendió viaje y llegó a Roma en 1633. Los biógrafos afirman que no lo encerraron en un calabozo y que tampoco lo torturaron, pero sí que le mostraron los instrumentos usados para la tortura.
Durante el proceso mismo, idas y vueltas, al final Galileo concedió que en algunos aspectos del Diálogo pudo ir algo lejos pero que de todas formas esperaba una pena suave por ello. La sentencia no fue suave: prisión incondicional. Galileo rechazó ante los jueces el modelo heliocéntrico, pero al retirarse de la sala dijo, entre dientes: ¡Y sin embargo, se mueve! (Eppur si muove). Hay que considerar el contexto: Galileo, anciano, enfermo, asustado, tal vez se desdijo por miedo a ser condenado a muerte. Esta ocurrió diez años después del juicio, en 1642, y la Inquisición no permitió un funeral público.

En 1981, casi 350 años después del juicio, el Vaticano desclasificó los archivos del caso Galileo. En un papel ahora amarillento Galileo había escrito: “estoy en vuestras manos; haced conmigo lo que os plazca”.
Tras la lectura del fallo el embajador de Toscana consiguió que Galileo no fuera condenado a prisión, cambiando la sentencia por confinamiento vitalicio. Hasta su muerte, en 1642, Galileo vivió bajo arresto domiciliario bajo vigilancia de la Inquisición. Pudo, sin embargo, seguir trabajando; en 1637 se publica su obra sobre el movimiento y la gravedad, también en forma de diálogo.

¿Cómo pudo una persona rebelde decir que en El diálogo “se le había pasado algo la mano”? No fue condenado a muerte aunque estuvo cerca de ella. Y los biógrafos no dudan de su frase… ¡Y sin embargo, se mueve!

Los tiempos cambian; el conocimiento – la verdad -, se impone: en 1893 el papa León XIII adoptó como verdaderas las ideas de Galileo. Y en 1992, trescientos cincuenta años después de su muerte, Galileo es rehabilitado por Juan Pablo II, invalidando el juicio de la Inquisición de 1633. 

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SIN EMBARGO... SE MUEVE


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