Wednesday, February 15, 2017

LA HABANA, FÁBRICA DE CHIVATOS II DE UNA SERIE

LA HABANA, FÁBRICA DE CHIVATOS II DE UNA SERIE


Chivatos: cubanos que viven de vigilar y delatar

16 de febrero, 2017
En Cuba se le llama ser chivato o chivata a las actividades de delatar o denunciar de manera clandestina, secreta y oportuna, las actividades realizadas o por realizar, hechos ocurridos o por ocurrir, pensamientos y opiniones de otra persona. Ser un chivato es ser un delator o un soplón.

¡Cuidado con los chivatos digitales!

Ahora más cubanos pueden acceder a Internet desde locales controlados por el Estado. El control absoluto de la tecnología digital por parte del gobierno, y la ignorancia de nuestro pueblo en cuestiones de seguridad informática lo hace presa fácil del espionaje gubernamental.

Hace unos meses, Jaqueline, estudiante de inglés, aprendió lo que podía lograr un profesor con una herramienta de acceso remoto instalada en una red de computadoras. Era alumna de primer año de un curso digital de idioma en una iglesia de La Habana. La disciplina era férrea, y el precio del fraude académico, la expulsión.

Conformaban el aula trece computadoras en red con todo lo necesario para el aprendizaje, doce alumnos y un profesor. Era el primer corte evaluativo del año. El profesor había advertido al inicio del curso: "no hagan nada indebido en sus computadoras, pues yo puedo ver en la mía lo que hace cada uno de ustedes".

Pero como dice el viejo refrán: "nadie escarmienta por cabeza ajena". Jaqueline descubrió en la práctica que su profesor no mentía. El profesor vio en su ordenador cuando la alumna accedía a un diccionario digital para completar una pregunta de vocabulario.

El ejemplo anterior puede bien servir de advertencia para los cubanos que comienzan ahora a acceder a Internet. Hay a quienes no les importa que alguien lea lo que teclea en un editor de texto, o que alguien sepa a cuál sitio web visitó, o que conozca los datos que guarda su memoria flash.

Hay otros, sin embargo, que necesitan y desean que sus acciones en el ordenador permanezcan en un entorno privado, lejos de miradas curiosas.

La Empresa de Telecomunicaciones (ETECSA) está controlada por el gobierno. Por ende, los recién inaugurados locales, destinados a la navegación, están también controlados, y las computadoras de esos locales, configuradas por el gobierno.

Sería ingenuo pensar, entonces, que esas máquinas no estén siendo monitoreadas por una herramienta de acceso remoto, como la que permitió al profesor de inglés sorprender a su alumna.

Poco importa el tipo de herramienta de acceso remoto que utilice el gobierno para controlar a los usuarios de la red. El objetivo de esos programas de monitoreo digitales en sus manos siempre será el mismo: espiar, sin que el sujeto sea consciente de ello.

La historia ha demostrado que para los gobiernos totalitarios es prioridad vigilar cada movimiento ?físico o virtual- de sus ciudadanos.

Además de trabajar una semana para poder navegar una hora, tendremos que cuidarnos, no sólo de los chivatos de carne y hueso, sino también de esos chivatos digitales que informarán ahora todo lo que hacemos en esas salas de navegación. http://www.cubanet.org/


Cuidado con los camareros chivatos! 
Esta semana fue emocionante, caí en un operativo de la Policía Especializada cuando salía del bar del hotel Sant John en el Vedado. Mi delito fue tomarme un café y conversar con un estudiante de periodismo al que ayudaba en su tesis de grado.

En el bar noté que el camarero daba demasiadas vueltas alrededor de nuestra mesa pero pensé que se aburría por la falta de clientes. Sin embargo, en una ocasión lo veo cuchichear con el recepcionista mientras ambos nos miran de reojo.

Lo cierto es que al salir nos encontramos con dos agentes de la Policía Especializada (nunca me quisieron decir en que se "especializan"). Muy mal encarados nos pidieron documentos y se negaron a decirnos el por qué de tal medida.

El agente más agresivo comenzó a escribir en su libreta nuestros datos con una lentitud pasmosa. Lo observé atentamente pero no pude definir si lo hacía para molestarnos o simplemente porque tiene dificultades de redacción.
Los dejé con mi carnet de identidad y crucé la calle en busca de un funcionario del Centro de Prensa Internacional para que "funcionara" como traductor, explicándoles a los policías que yo no cometía ningún delito al conversar con un cubano.

De inmediato apareció un teniente de civil que evidentemente dirigía el operativo desde las sombras. Tampoco nos dijo por qué se nos detenía en medio de la calle, ni siquiera el funcionario de la cancillería logró sacarle una explicación.

Trataron de intimidar a mi acompañante separándolo del grupo. Por un momento todo resulto muy gracioso, el agente -con el acento típico de las provincias orientales- le dice al joven estudiante: "¿si tú eres de Pinar del Río que haces en La Habana?".

(Muchos de estos policías son de la región oriental a pesar de lo cual recorren las calles de la capital en busca de provincianos que vivan en La Habana sin permiso de residencia. Actúan con ellos como si se tratara de extranjeros sin papeles, deportación incluida).

El joven le mostró -por segunda vez- su carnet de estudiante de la Universidad de la Habana y yo traté de explicarle al policía que este tipo de acciones dañan la imagen de su país. Su respuesta fue tajante: "a mí no me importa ninguna imagen y yo puedo pedirle identificación a quien me parezca".

Presentí que el dialogo sería difícil, que era muy improbable que los policías pudieran entenderme. Sobre todo porque rápidamente me acusaron de "sublevarme", lo que según mi diccionario significa "provocar una rebelión colectiva y violenta contra la autoridad".

Además ya me voy acostumbrando, no es la primera vez que me ocurre. Tiempo atrás, en el hotel Telégrafo, del Parque Central, otro camarero se interesó por la entrevista sobre racismo que le hacía a un ciudadano cubano que, para agravar más las cosas, era negro.

Al salir nos esperaba otro operativo policial. El Centro de Prensa estaba muy lejos así que terminamos presos, el intelectual cubano, mi esposa y yo. Antes de subir al coche-patrulla, al "negro" lo cachearon de pies a cabeza.

La imagen me resultó mucho más aleccionadora que cualquier idea abstracta sobre racismo. A mi esposa y a mi aquellos policías ni siquiera nos pidieron que abriéramos los bolsos, era evidente que para ellos la piel oscura era sinónimo de "peligro".

Pero no fue este el caso de mi última detención, esta tuvo una connotación política. El joven preguntó y yo le hablé de la situación del país, del papel de la prensa, del aparato de censura, de la economía y hasta cometí el sacrilegio de mencionar la palabra "cambios".

Seguramente algo estábamos tramando y los que nos escuchaban creyeron que había que ponerle fin a la conspiración. Avisados, los policías "especializados" nos esperan en la puerta del hotel, nos dejan alejarnos unos 30 metros y nos siguen para atraparnos infraganti.

Lo más gracioso de esta historia es que una de las preguntas del estudiante había sido si los periodistas extranjeros teníamos dificultades para acercarnos a los cubanos, le respondí que no. Nunca imaginé que iba a ser desmentido tan rápidamente.
Fernando Ravsberg - BBC

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