Tuesday, May 23, 2017

A BOCA DE JARRO, EL RACISMO EN CUBA

ICLEP-AMANECER HABANERO: A boca de jarro
... ninguna solución que pueda desembocar de algún modo en la violencia o en la discordia, es solución sensata ni puede acarrearnos bien alguno.
Foto lagacetadelahabana.com
Por: Manuel Aguirre Labarrere. Periodista ciudadano
La Habana, 24 de mayo, 2017
Si algo no perdonan las comunidades afro descendientes en América, y de forma particular el afro estadounidense, primordial en la lucha contra el racismo y las formas conexas de exclusión, es que se les mienta respecto al tema del abuso hacia los negros y sus descendientes en cualquier lugar que ello ocurra.
Es precisamente eso, mentir, lo que tratan de hacer algunos de los más connotados voceros del oficialismo cubano, por desgracia negros y mestizos en su mayoría, al atacar abrumadoramente y sin sosiego, desde el semanario electrónico La Jiribilla, las declaraciones del intelectual cubano y hasta ese momento jefe del Fondo Editorial de Casa de las Américas, Roberto Zurbano, al periódico The New York Times en relación al racismo que tienen que enfrentar a diario los afrocubanos.
El mérito más visible de Silvio Castro es haber publicado un libro respecto a la masacre de los Independientes de Color, en 1912. A través de ideas y argumentos cogidos al rebote, arma un amasijo del refrito literario, que pasó sin penas ni glorias. Corto de vista en el tema racial, deja entrever sus ofensas contra Zurbano y trata de articular un texto manipulador con la intensión de dar a entender que sólo con el castrismo fue posible el brote de intelectuales negros y mestizos en todas las esferas del saber.
Otro tanto y en la misma cuerda se manifiesta Esteban Morales, sociólogo a quien el tema de la racialidad le queda demasiado grande, no porque carezca de lucidez, sino por falta de vista y análisis de rigor científico que se apegue de forma abierta y transparente a la Sociología.
También hay un texto de Guillermo Rodríguez Rivera. No hay que esforzarse mucho para descubrir que -ya sea por rencor o por envidia- no oculta en nada su racismo. Expresa Rodríguez Rivera: “Para Zurbano, como ocurre en la cultura norteamericana, lo no puramente blanco es negro. Pero llamar negro a un mulato únicamente apresa una porción de su identidad. Zurbano reclama lo que llama un ‟conteo preciso de los afrocubanos,” pero esa precisión quedaría vulnerada al contar como negros a los mulatos, en los que la ascendencia española coexiste con la africana”.
El texto de Ernesto Pérez Castillo, lejos de ser gracioso, folkloriza el tema racial de la manera más amarga y humillante que pueda resistir negro alguno, siempre y cuando tenga vergüenza y sentido de orgullo propio. Dice Pérez Catillo:”Zurbano es un negro muy pero que muy bien empoderado- le bastan unos pocos, para no decir pobres ridículos ejemplos: los negros tienen las peores casas y por tanto no podrán hospedar a nadie ni aspirar a crear en ellas cafe-terías ni restaurantes”.
Antes de la llegada del régimen castrista al poder en 1959, alrededor del treinta y tres por ciento de la llamada clase media, en Cuba estaba constituida por negros y mestizos. Que la mayoría no había alcan-zado ese estatus, es cierto; como tampoco lo logró la población blanca por la falta de una justa repartición de la riqueza nacional. Pero era algo más de un tercio en una población que no llegaba a los seis millones de habitantes, y donde negros y mestizos eran minoría, al menos en la documentación. ¿Qué no habrían alcanzado de no haberse nublado la democracia con la llegada del castrismo?
Ingenieros, médicos, maestros, aboga-dos arquitectos y propietarios con alguna solvencia económica, negros y mestizos, hubo en Cuba antes de la revolución castrista.
Las políticas de inclusión mediante las acciones afirmativas que emprendió la revolución castrista en su primera década son innegable: dieron la oportunidad de acceso a todos los niveles de enseñanza, tanto para blancos como para negros y mestizos. Pero los ciudadanos de un país -ya lo decía José Martí- si bien necesitan la enseñanza, también es necesario que tanto individual como colectivamente, sean prósperos. En esto ha fallado la revolución castrista en todas sus etapas, no precisamente por falta de liquidez económica, sino por la intencionada ma-nipulación del hombre en aras de mante-nerlo sojuzgado, dependiente y sin espa-cio.
Estas restricciones al derecho, unidas al surgimiento de una clase privilegiada y desprovista de conciencia social, derro-chadora de la economía nacional sin aportar nada a cambio, son las que marcan las diferencias en el entramado so-cial de la nación, donde negros y mesti-zos se asfixian en el fondo.
Frente a esta palpable realidad es difícil que algún analista sobre los problemas de raza y marginalidad en Cuba, o algún sociólogo, tenga una variable capaz de justificar lo injustificable.
No tengo dudas de que Roberto Zurbano seguirá apostando por el desacreditado proceso de exclusiones y miedo al negro, pero al menos por una vez, tuvo la osadía de poner sobre el tapete, a boca de jarro, el racismo institucional que sufren los afrocubanos.

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