Tuesday, July 18, 2017

EL GOBIERNO CASTRISTA VIOLA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS DE UNA SOCIEDAD

ICLEP-COCODRILO CALLEJERO: EDITORIAL. Registro domiciliario, arma letal.
Casa donde se llevó a cabo el registro el 30 de mayo
Los Arabos, Matanzas, 18 de julio, 2017
En la tarde del 30 de mayo, bajo signos de desaprobación popular, fue denigrada por la policía local una nueva familia en Los Arabos, víctima de un injusto registro domiciliario. El hecho represivo, ejecutado con un fin expreso de mancillar voluntades, terminó en fracaso. No prosperó el intento de vincular a esta familia decente con un delito común. Sin embargo, la noticia corrió de un rincón a otro del pueblo; donde cada cual –a veces, de forma ingenua; otras, mal intencionadas-- agregaba su toque de especulación. Nada justifica poner en boca de entredichos el honor de las personas. Una sociedad de esta manera, sabiéndose desnuda en cualquier momento y a capricho de supuestos funcionarios públicos, no constituye buena idea para nadie.
Desde hace algún tiempo, el pueblo vive marcado por hechos como estos: hoy le tocó a fulano; mañana, puede ser a mí. Ayer, en tal reparto; luego, en el barrio Prendes, a la gente que embotella refrescos. La sensación de vulnerabilidad se observa en los rostros cotidianos. El concepto de frontera, del individuo separado de los elementos, ha dejado de funcionar.
Es tan común el registro domiciliario, que las casas de los cubanos no necesitan puertas y ventanas; están a merced de la colectividad más horrenda y repugnante. Nunca se sabe cómo después de un registro, efectuado por “honorables agentes del orden”, un grupo de intimidades hogareñas pasan a ser de dominio público: solo tenía 3 huevos en el refrigerador y 5 pomos de agua en el congelador, en el cuarto de baño habían tendido 2 blúmer con huecos y la taza estaba sin descargar. Cosas que se comentan hasta en las escuelas de los muchachos, que, por supuesto, son objeto de burlas.
Lo ocurrido este 30 de mayo en Los Arabos no solo da fe de las aberraciones que son convertidas en prácticas habituales, sino de la indefensión crónica que padece el pueblo cubano. Sucede lo malsano, se equivocan y no hay el mínimo intento de reparación de daños materiales ni psicológicos; pues en los registros se rompen objetos –como ocurrió con el gavetero de la cómoda en la vivienda de la calle Clotilde García--; pero por encima de lo material, la humillación mata más que las balas.
No hay lugar a dudas que el registro es una epidemia psicológica, un arma letal en tiempos de sin-gularidad social; donde el sentido de las leyes naturales que rigen el buen tino entre hombres se mezcla en un amasijo amorfo.
La intimidad de las personas, su yo y su gesto privado, se respetan hasta más allá de la tumba. La familia es coto priva-do invulnerable, cuna de la sociedad pequeña. Es rumbo de mucha equivocación la práctica de registros en presencia de niños, como ha ocurrido en innumerables ocasiones. Menos aún, cuando las causas que lo originen no estén del todo claras.
En la familia ocurre el milagro de la primera formación. Nunca, ni en la medida de lo excelso, el cuidado de la colectividad podrá sustituir el beso tierno de una madre. Hoy, esa misma madre sufre: su hogar, ha quedado sin paredes. Es hora ya de prestar atención a lo que siempre ha sido sabio: el clamor popular.

No comments:

Post a Comment