Tuesday, May 15, 2018

DESDE LA CARRETERA SE VE MI CORAZÓN

ICLEP-COCODRILO CALLEJERO: Monumento abandonado es restaurado por periodistas del ICLEP, pero el régimen se acredita la obra.
Antes                                                              Ahora

William Acevedo Roque. Periodista Ciudadano.
Los Arabos, Matanzas, 16 de mayo, 2018
Hasta donde alcanza la vida de los hombres, los hechos solo ocurren de una forma; aunque sea moda razonar que no son los hechos los que nos afectan, sino la percepción que tengamos de ellos. Bajo ese artificio se ocultan tergiversaciones, omisiones e indiferencias de carácter histórico.
Pero siempre hay una historia real: la que sucedió. Las otras, las que no vienen desde el corazón de la patria, la gente, así como de atando cabos, las descubren algún día. Entonces, no queda de otra a las autoridades que intentar apoderarse de lo que el pueblo va descubriendo.
Algo similar ha sucedido con el monumento que rinde homenaje a los Hermanos Álvarez, jóvenes asesinados por la dictadura de Machado; y que estuvo abandonado durante muchos años, hasta que un día un grupo de periodistas ciudadanos lograron alertar a la comunidad.
No se utilizaron altoparlantes ni se llamó a nadie, fue al menos cuestión de presencia. Tampoco hubo fórmula mágica. Solo que la gente del batey comenzó a preguntar después de cada visita; y nosotros, a responder: “Aquí hay un pedazo de la historia de Cuba”.
Un pedazo de la historia nacional que conmovió a la generación de su época y sumió en el dolor a toda una familia. Eso había que explicárselo a la gente. No podía reducirse la presencia a pintar un cúmulo de rocas organizadas y segar la maleza.
Para asombro de los residentes era una historia no contada. Muchos se conmovieron y hasta libros sobre los sucesos se solicitaron, en medio de algún que otro sollozo arrancado. Y es que cuando las personas sienten, las naciones vibran y respiran como las familias.
El hombre que cobija a su patria en el pecho nunca percibe a la nación como un ente abstracto; la presiente a su lado, como su tercer paso. ¿Cuántas lágrimas derramadas sobre un simple mapa que contiene a la isla de Cuba? A la patria la hacen las familias y nadie tiene sello exclusivo sobre el dolor de sus hijos. Menos aún, tratar de castigar a sus descendientes ignorando la sangre derramada por un grupo de valerosos muchachos en la flor de su juventud.
El obelisco ubicado entre Los Arabos y Colón es como el himno y la bandera, que no responden a ideologías; son símbolos patrios. Símbolos que deberían incluirse en los libros de textos, para que no se repitan hechos como los sucedidos en una escuela arabense; cuando la mayoría de los alumnos de octavo y noveno grado se negaron a cantar el himno nacional.
Donde más que castigos y horas bajo el sol repitiendo de forma mecánica un número de estrofas, alguien debió explicarles que el himno nacional nada tiene que ver con grupos políticos. Pero, ¿son malos estos muchachos?
La respuesta, es no. Son muchachos excelentes. Que cuando alguno de los amiguitos de clases cumple 15 años y proviene de una familia pobre, entre todos y en secreto, reúnen dinero para celebrarle una fiestecita o alquilar un ómnibus para llevárselo a la playa.
Cuando todo lo ocurrido en una nación se trata de tamizar en predominio de un apartado ideológico, cuando se inculca y se supone que todo se le debe a ese grupo político, suceden eventos como el ocurrido en la escuela anterior.
Entonces, viene a colación las palabras registradas en el libro Crimen y Vendetta, el caso de los Hermanos Álvarez: “De manera que no hay razones para que a los hermanos Álvarez hayan dejado de considerárseles mártires de aquella trágica época… Tampoco existen motivos para el abandono del monumento y la apreciación entre algunas personas con responsabilidades públicas de que el tema estaba vedado”.
Posteriormente, agrega el texto escrito por Eduardo Marrero Cruz: “Asimismo los monumentos forman parte de la historia de un país, son fuentes vivas, cardinales, para trasmitir los conocimientos históricos, …”.
Sin embargo, hoy, aquellos que iniciamos la reparación del lugar, con el único objetivo del rescate de los patrimonios en las comunidades, sobre todo, aquellos sitios que muestran la verdadera historia cubana, no podemos aproximarnos al lugar.
Las autoridades, con más recursos que nuestra voluntad, después de 60 años de abandono y bajo el despertar de la comunidad, han retomado el sitio devolviéndole su aspecto original.
El argumento: “El monumento forma parte del patrimonio local y nunca permitiremos que sea un sitio de la contrarrevolución”.
Pero nos damos por satisfechos aquellos periodistas del ICLEP que comenzamos la obra hace tres años, muestra de lo que puede lograr la perseverancia de los hijos de Cuba.
Ya la comunidad sabe que no se trata de rocas abandonadas, cubiertas de hierbas y sin ningún significado.
Es cierto que la vida continúa –y nosotros con ella– y algunas cosas quedan detrás. Rumbo a Los Arabos desde Colón es obligado pasar frente al lugar. Los ojos traicionan y hay que mirar. Desde la carretera se ve mi corazón. ¡Tantos recuerdos!, es un momento difícil. Pero, la gente que viene en el auto no cesa de comentar.
Dicen, que en algunas mañanas aparece un ramo de flores silvestres al pie del monumento, aunque nunca se ha visto llegar ni partir a nadie en las noches de luna. Ojalá termine en tradición.

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