Sunday, August 12, 2018

EN CUBA HAY UNA CAJITA MISTERIOSA QUE ALTERA LOS NERVIOS

ICLEP/COCODRILO CALLEJERO: Suicidio digital.

La Cajita. Foto: ICLEP
Por: William Acevedo Roque. Periodista Ciudadano
En la realidad nacional hay un asunto que le tiene los pelos crispados a media isla. Es un tema en perspectiva. Se ve venir indetenible, como un tren que se aproxima en cinemascope y la gente de menos recursos sentada en primera fila. Asusta, ¡y de qué manera!: muchos niños se quedarán sin dibujos animados, ese es el comentario en la calle.
Es algo que ya las autoridades han dado como un hecho, sin apenas crear un nivel aceptable de condiciones. El apagón analógico. En un país donde muchas familias apenas tienen para comer y todavía pululan los televisores Krim 218, en blanco y negro, de la era soviética.
La praxis revolucionaria apunta, al menos de las bocas teóricas hacia el éter, que todo el accionar del sistema está dirigido y pensado en el pueblo. Nada sin el pueblo. ¡Qué casualidad que la gente tiene el credo en la boca!; cuando en un número importante de hogares cubanos no se cuenta con los recursos para adquirir un televisor híbrido; ni se tiene la manera de enredarse en los vericuetos y compromisos financieros de un crédito.
Además, quién no se duele –¿en cuál territorio del país no ocurre? – del desastre que ha generado la asimilación de “la Cajita”, necesaria para captar la señal digital en la mayoría de los casos. Pero, como dice un amigo: “Los diez millones van”. Volviendo a Las Cajitas, uno de los focos diabólicos del asunto, engendro que muchos ya consideran su implicación en el alza de los accidentes cerebro-vasculares, Las Cajitas de sufrimiento, versión moderna de La Caja de Pandora, es todo un camino tortuoso sentir tranquilidad con este asunto tan cuadrado y pequeño, que asusta. Para comenzar –cuando la hay en la tienda– es cara, implica varios sueldos promedios; suponiendo que en esos meses nadie se alimente y que no aparezca ningún hueco en el zapato del muchacho.
Ya en casa, una vez que se tiene, verla allí inofensiva en una esquina, asusta: no se sabe en qué momento va a colapsar; pero sí se sabe que en el instante menos esperado lo hará. Es un enemigo dentro de la casa. Por último, cuando se rompe, ahí comienza otra odisea terrible.
De institución en institución y de taller en taller; pues de llevarla a un mecánico particular se pierde la garantía. Se dilapidan tantos recursos y capital emocional, que resulta más inteligente comprar una nueva; para de nuevo volver a comenzar el ciclo. Lamentablemente, ya se informó a los cuatro vientos la fecha del apagón analógico. Y vuelve a ser lamentable, que interese más lo que opine el mundo que la realidad nacional.
Es una tarea y las tareas en nuestro país aplastan como un buldócer en celo. Todos sabemos que no existen condiciones para tal evento; pero nadie alberga dudas de que va. Es sencillo: es un logro. Y de logro en logro siempre hemos vivido.
Una de las opiniones más enigmáticas recogidas en la calle, la cual todavía no alcanzo a comprender, la dijo un señor identificado como Joaquín: “Se quedará media Cuba sin la Mesa Redonda y hay otras transmisiones que no necesitan cajita. Es un suicidio digital. Yo lo pensaría mejor. Es negocio hasta regalar las cajitas; ¡digo!, para… la ideología”.
Quizás algún día no lejano, pueda descifrar este acertijo de Joaquín.

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